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"Colombia está tirando su basura a los vecinos"

Reuters
"Son cinco los vecinos en la región que están preocupados por que una mejora en la capacidad militar de Colombia convierta al país en un jugador de peso en la región", opina Bagley.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

Para Bruce M. Bagley, director del programa de ciencia política de la Universidad de Miami y autor de Drug Traffiking in America, aunque el aumento en la presencia militar estadounidense en Colombia parece ser el tema más candente en la agenda de la cumbre de UNASUR -que sesiona desde hoy en Quito- el verdadero telón de fondo en las conversaciones será el problema de la narcoguerrilla.

"Brasil considera que las FARC son un tema colombiano, pero con el incremento de la capacidad militar de Colombia, estos grupos guerrilleros serán empujados cada vez más cerca de la frontera con Brasil", explica el experto en charla exclusiva con Terra Magazine.

"De algún modo, los colombianos están tirando su basura por arriba de la pared hacia el patio de sus vecinos. Los colombianos no refuerzan sus fronteras, sino que les piden a sus vecinos que lo hagan. Lula envió tropas, casi 17 mil soldados, a la frontera con Colombia, pero el territorio es tan extenso, 1.800 kilómetros, que es virtualmente imposible patrullar con eficiencia. El problema para Brasil es que están siendo involucrados en el tema FARC y Lula no quiere saber nada con ello", afirma.

¿Cuál cree que será el impacto del incremento en la actividad militar de los Estados Unidos en América Latina?

Bueno, empecemos con Colombia. Hay varios niveles. Primero parece que hay en total siete bases como parte de las negociaciones y el incremento en la actividad militar de los Estados Unidos en territorio colombiano sería sustantivo. Hay tres bases de tierra, dos bases aéreas adicionales y dos bases navales que podrán ser usadas. Este incremento se da desde el punto de vista estadounidense debido a que perdimos la base de Manta en Ecuador, y no hay por el momento una mejor alternativa. El acuerdo se negoció bastante rápido, sin consultas públicas en Colombia. El gobierno de Uribe lo aceptó sin dudas, de modo que los Estados Unidos podrá mantener sus vuelos de control del tráfico de drogas a lo largo del corredor del Pacífico hasta Chile y ciertamente a lo largo de México y América Central. Ese era el objetivo principal de los Estados Unidos pues sin la base de Manta se habría dado una interrupción en estas tareas de vigilancia, una tarea sumamente importante.

El segundo punto es que el gobierno de Uribe está encantado con este acuerdo dado que hay una caída en los fondos disponibles para el Plan Colombia (que ofrece asistencia para el control de la producción de drogas en el país). Los demócratas estadounidenses no están tan interesados en seguir enviando fondos para el combate contra el narcotráfico. De hecho, en 2007 Bush despachó cerca de 700 millones de dólares para el Plan Colombia, el pico histórico a nivel de financiamiento de un esfuerzo que desde julio del 2000 le ha costado a los Estados Unidos más de 6.000 millones de dólares. Y, con razón, el gobierno de Uribe está preocupado de que el apoyo al Plan Colombia en el congreso estadounidense seguirá en caída. Mis estimaciones son que el aporte total anual se reducirá a apenas 200 o 300 millones de dólares. No creo que el plan se dé por terminado, pero seguramente se reducirá porque no hay dinero, pero además porque el gobierno considera que los colombianos se tienen que hacer cargo del problema. Esto sumado a que el congreso demócrata quiere cambiar sus prioridades y restringir la provisión de equipamiento militar. Para el gobierno de Uribe, sin embargo, el nuevo acuerdo significará mantener el entrenamiento militar de su ejército a manos de los Estados Unidos, y esto no será parte del Plan Colombia, lo que habilitará al ejército colombiano a recibir este tipo de entrenamiento ininterrumpidamente por al menos 10 años.

El tercer punto es que el ejército colombiano recibirá reportes de inteligencia estadounidense en tiempo real, generados por los vuelos estadounidenses sobre América del Sur. Así que no solamente seguirá el entrenamiento militar sino que ahora habrá un intercambio a nivel inteligencia aún más fluido.

Finalmente, el ejército estadounidense ha acordado con Colombia que mejorará las bases a nivel de equipamiento y desde diferentes puntos de vista, con lo cual volcará una gran cantidad de dinero en modernización y mejoras. Al cabo de 10 años, esto dejará a Colombia con un incremento sustantivo de su capacidad militar en varias partes del país a nivel de ejército, fuerza aérea y fuerza naval. Todavía, sin embargo, no se sabe exactamente cuánto dinero se invertirá en las bases. Por eso, creo que para ambos gobiernos este acuerdo cierra el período de las relaciones bilaterales comenzado por Bush en el 2000 e inicia un nuevo tramo en las relaciones entre Uribe y Obama.

En relación con los beneficios que Colombia podrá obtener del acuerdo, las cosas están claras. Pero ¿qué tipo de beneficios obtiene Estados Unidos, dado que según oficiales del Departamento de Estado consultados por Terra Magazine, las nuevas bases no sólo no reemplazan las operaciones de la base Manta sino que por ese motivo todavía se mantienen las conversaciones con Ecuador y se han iniciado conversaciones con Perú?

Creo que eso es verdad en parte, pero creo que hay un alto grado de simulación por parte del gobierno estadounidense. El uso de las bases colombianas tiene el potencial de reemplazar Manta, aunque no completamente es verdad, dado que Palanquero y las bases más volcadas sobre el Pacífico son mediterráneas, y el radio de operaciones aéreas estará más limitado hacia el sur. Sí, el gobierno está en conversaciones con Perú, pero dudo que sigan manteniendo las conversaciones con Ecuador. Ecuador no le dará ni una pulgada a los Estados Unidos. Correa está además incitando al nacionalismo ecuatoriano. Y no hay desde hace meses conversaciones con Ecuador.

En relación con Perú, Alan García quiere estar en buenos términos con los Estados Unidos. Viene manteniendo estas conversaciones desde hace algún tiempo y por ahora no han dado fruto, es decir que no han sido lo suficientemente expeditivas para el reemplazo de Manta. Pero si los Estados Unidos pueden negociar un acuerdo con Perú, los vuelos que salgan desde las bases colombianas podrán reabastecerse en Perú y estos aviones podrán patrullar mucho más hacia el sur, sobre las costas chilenas.

¿Cuán rápidamente cree que podría sellarse el acuerdo con Perú?

Creo que hay un 60% de posibilidades de que se llegue a un acuerdo a principios del año próximo. Las reacciones en el continente luego de que se conocieran las negociaciones entre Colombia y los Estados Unidos van a retardar mucho más los tiempos de un posible acuerdo con Perú. Alan García además tiene bastantes problemas en su país. Sendero Luminoso está resurgiendo y la oposición y los grupos indígenas están enfrentados a García por su inhabilidad para solucionar el tema de la iniquidad social y otros problemas socioeconómicos. Creo, por este motivo, que las negociaciones con Perú se van a dar mucho más lentamente y no habrá anuncios en 2009. Esta es de alguna manera la explicación del por qué de las bases en Colombia, aunque ciertamente estas operaciones no reemplazan Manta en un 100%. Déjeme además decirle que Alan García está en problemas, dado que su gobierno deberá enfrentar una oposición cada vez más fuerte en los próximos meses.

Pero de vuelta hablando de Colombia, yo no creo que Uribe haya anticipado semejante oposición al acuerdo con Estados Unidos.

¿Cuál cree usted que será la reacción de las FARC?

Hay altas probabilidades de que estas nuevas bases se vuelvan el objetivo central de las FARC. Las FARC están intentando reorganizarse. No han sido aún eliminadas y creo que el gobierno de Uribe ha cantado victoria de un modo anticipado. Estos grupos están todavía muy activos y, aunque no tienen la dimensión que supieron tener cinco o diez años atrás, continúan recibiendo entre 200 y 300 millones de dólares anuales en fondos del narcotráfico y diferentes tipos de operaciones ilegales (secuestros, extorsión y demás). El país es grande, por lo que los militares tienen dificultad para encontrarlos. Y muchas veces los guerrilleros cruzan las fronteras, sobre todo hacia Venezuela en donde se reagrupan, pero también hacia el Amazonas brasileño y algunas zonas de Perú. Y desde marzo del año pasado, sabemos que las FARC continúan ocultándose en Ecuador.

Pero insisto: no creo que Uribe haya anticipado el nivel de oposición que el acuerdo está generando. Seguramente se veía venir una reacción de Chávez. Pero ni Venezuela, ni Ecuador ni Colombia pueden darse el lujo de cortar sus relaciones comerciales bilaterales. Las relaciones diplomáticas, sin embargo, sí se han resentido. Desde luego, creo que la idea de una guerra en Sudamérica es completamente ridícula. Pero lo que sí es claro es el malestar que todo esto ha generado. Y eso se verá expresado en la reunión de líderes de UNASUR en Quito. Colombia va a quedar mucho más aislada de lo que estaba hasta ahora. Los países de Latinoamérica no quieren más bases estadounidenses en el continente y este acuerdo es una bofetada en el rostro para todos ellos.

¿Cuál cree que es la motivación brasileña para protestar tan abiertamente por el aumento de las colaboraciones militares entre los Estados Unidos y Colombia? ¿Es posible que Colombia se convierta, al cabo de una década, en una potencia militar en la región con posibilidad de disputarle el liderazgo a Brasil?

Bueno, son cinco los vecinos en la región que están preocupados por que una mejora en la capacidad militar -de entrenamiento y equipamiento- de Colombia convierta al país en un jugador de peso militar en la región. Hay algunos temas limítrofes todavía irresueltos con Venezuela, en particular en relación con el golfo de Maracaibo, que crean asperezas. La intervención colombiana en territorio ecuatoriano fue también una señal de alerta para Correa. Y creo que con Brasil hay cuatro consideraciones a tomar en cuenta, y mucho de esto tiene que ver con la mentalidad brasileña.

La primera es que Colombia es un participante a regañadientes de UNASUR, mientras que Brasil considera a la entidad como una especie de Consejo de Seguridad del que es líder indiscutido. Desde Brasil, la movida de Uribe es interpretada como una jugada fuera de libreto que pone a Colombia bajo el paraguas de seguridad de los Estados Unidos y la aleja de UNASUR. Por eso mismo, UNASUR va a tener que trabajar este tema y sus implicaciones a nivel de los esfuerzos de seguridad que está realizando la región.

Otro de los temas es que Brasil considera que las FARC son un problema de Colombia. Pero con el incremento de la capacidad militar colombiana, las FARC son empujadas cada vez más cerca de la frontera con Brasil. Y a Lula le preocupa el tema. Esa parece ser además la estrategia que Uribe y los Estados Unidos vienen siguiendo. Y es posible que comencemos a ver cada vez más operaciones de las FARC en Brasil, Ecuador, Venezuela y Perú, en zonas que permanecen prácticamente liberadas en el Amazonas.

De algún modo, los colombianos están tirando su basura por arriba de la pared hacia el patio de sus vecinos. Los colombianos no refuerzan sus fronteras, sino que les piden a sus vecinos que lo hagan. Lula envió tropas, casi 17 mil soldados, a la frontera con Colombia, pero el territorio es tan extenso, 1.800 kilómetros, que es virtualmente imposible patrullar con eficiencia. El problema para Brasil es que están siendo involucrados en el tema FARC y Lula no quiere saber nada con ello.

La tercera parte del problema es que Lula sigue viendo las relaciones entre los grupos criminales locales como Fernandinho, que operan en colaboración con las FARC. Y la combinación ha puesto a Brasil en una situación muy incómoda.

¿Cree que en este sentido la colaboración entre Colombia y los Estados Unidos puede poner en riesgo la seguridad interna brasileña?

Vea, aunque todo esto es especulación, es claro que el gobierno brasileño considera este escenario como una posibilidad. La presencia militar estadounidense por un lado y el crecimiento de Colombia como un satélite de los Estados Unidos en la región son temas preocupantes. Para Lula sería mucho mejor que Colombia fuese un miembro activo y de bajo perfil en UNASUR.

Todas las presiones que empujen los problemas colombianos sobre el Amazonas van a tener un claro impacto en Brasil. Y nada de esto ha sido consultado con los países de la región cuando Uribe decidió acordar con los Estados Unidos.

¿Qué se puede esperar entonces de la reunión de UNASUR? ¿Algún tipo de declaración en contra de la instalación de bases en Colombia?

Creo que una declaración sería demasiado agresivo y erosivo para las relaciones diplomáticas en la región. Pero hay quizás una posibilidad de que la haya, en la dirección de que las naciones sudamericanas deben acordar entre ellas en temas de seguridad regional. No creo, sin embargo, que se vaya a criticar abiertamente a Colombia a pesar de que esa es la dirección que le gustaría tomar a Chávez y a Correa. Pero lo cierto es que UNASUR no ha sido capaz de tomar posiciones demasiado firmes. Lula es siempre bastante moderado y veo difícil que justo ahora comience tomar posiciones más radicales.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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