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U.S. Marine Corps /Reproducción
"Nuestra colaboración con el gobierno colombiano está apuntada a maximizar la seguridad regional y asistirlo en su lucha por afianzar su soberanía y proteger su territorio", dice vocero de EEUU.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
A horas del inicio de la cumbre de UNASUR en Quito, en donde los presidentes de la región se han dado cita para dialogar sobre el aumento de la presencia militar estadounidense en Colombia, Terra Magazine charló en exclusiva con Charles Luoma-Overstreet, vocero del Departamento de Estado norteamericano. El funcionario dio detalles de la misión militar estadounidense en América del Sur, confirmó que los Estados Unidos mantienen el contacto con el gobierno ecuatoriano y otros gobiernos en la zona del Pacífico para el desarrollo de tareas conjuntas de vigilancia, y alertó por primera vez sobre las consecuencias que podría tener el cierre de operaciones en la base militar de Manta: se generará "una brecha seria en términos de capacidad de vigilancia", dijo.
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Terra Magazine: -Ayer, Robert Wood, vocero del Departamento de Estado dijo que los Estados Unidos no tienen ni están interesados en tener bases militares en Colombia. ¿Podría precisar a qué se refería, dado que es de público conocimiento que los Estados Unidos harán uso de siete bases militares colombianas a partir de la firma de un acuerdo con el gobierno de Uribe posiblemente la semana que viene?
Lo que el vocero Wood dijo es correcto. No hay bases militares en Colombia y nuestras negociaciones no incluyen el asentamiento de bases militares en Colombia. No tenemos planes ni tenemos necesidad de abrir bases estadounidenses en Colombia. Lo que sí estamos gestionando con el gobierno colombiano es tener acceso adicional a algunas de sus bases. Pero estas son y seguirán siendo bases del ejército colombiano. Lo que estamos buscando es simplemente acceso a ciertos recursos militares colombianos para además generar actividades mutuamente consensuadas con el objetivo de luchar contra el crimen transnacional.
¿Cuando usted habla de "crímenes transnacionales", se refiere en particular al tráfico y al contrabando de drogas?
Correcto. El narcotráfico es históricamente nuestra mayor preocupación en la región, pero hay también otros aspectos que nos interesa controlar a nivel del crimen transnacional. Estamos hablando de un programa más general que incluirá además del control del tráfico de drogas, la vigilancia sobre actividades terroristas y otros tipos de contrabando. Y a esto se le sumarán además una serie de programas de desarrollo económico y social.
¿En qué capacidad, entonces, el ejército estadounidense se plantea colaborar con el ejército colombiano en la región?
Bueno, déjeme aclarar este tema primero. No estamos hablando solamente de colaboraciones militares. El personal que participará de estas colaboraciones no es solamente personal militar. Estamos hablando de un amplio espectro de colaboraciones que incluye personal especializado en temas de narcóticos, personal del Departamento de Estado especializado en seguridad regional, gente del USAID (United States Agency for International Development) y gente del Departamento de Justicia, todo esto sumado a contratistas del gobierno estadounidense. La colaboración no es, bajo ningún punto de vista, pura y exclusivamente militar. Estamos hablando de una colaboración de un muy amplio espectro.
Se anunció hace algunos días que la colaboración con Colombia tenía como objetivo reemplazar las actividades desde la base Manta en Ecuador, dado que el gobierno ecuatoriano le negó la posibilidad a Estados Unidos de continuar sus operaciones militares en el país. Sin embargo, esa base está estratégicamente ubicada para permitir operaciones sobre el corredor del Pacífico, mientras que las operaciones de las bases en Colombia parecen restringirse a nivel continental o sobre el Atlántico y el Caribe. La pregunta es: ¿de qué modo la colaboración en estas bases reemplaza las operaciones de Manta?
Me gustaría aclarar algunas de las premisas en su pregunta que no son del todo exactas. No estamos hablando de nuevas bases. Estas son bases colombianas ya existentes. Y no caracterizaría esto como que Colombia y los Estados Unidos compartirán esas bases, dado que las bases de hecho son colombianas. De lo que estamos hablando es del acceso de personal estadounidense a esas bases para asistir al ejército colombiano. En ese sentido no son bases estadounidenses, ni bases compartidas en términos de soberanía. Lo que se está negociando es el acceso de personal estadounidense a esta bases para asistir a los colombianos.
Ahora, para ir al centro de la pregunta, desde luego que la colaboración que tuvimos con el gobierno de Ecuador en Manta fue sumamente importante en el Pacífico. El gobierno de Ecuador decidió no renovar el acuerdo en septiembre y eso crea una brecha seria en términos de capacidad de vigilancia, lo que a su vez va a requerir que ajustemos nuestros esfuerzos. Estamos en charlas con gobiernos de la región para explorar diferentes posibilidades para un esfuerzo conjunto de monitoreo del tráfico ilícito en el Pacífico oriental. Y de hecho, seguimos todavía en conversaciones con el gobierno de Ecuador para ver de qué modo podemos continuar las colaboraciones. Pero hemos ampliado las conversaciones con todos nuestros socios en la región para ver qué tipo de cooperación podemos llevar adelante con vistas a enfrentar los problemas conjuntos de seguridad en la región.
¿Cree que esta colaboración con el gobierno colombiano compensará en alguna medida la pérdida de la base de Manta?
Obviamente las discusiones no están todavía cerradas (con el gobierno de Ecuador) y no puedo entrar en detalles operativos sobre la naturaleza de estos esfuerzos de cooperación que seguimos manteniendo con ellos. Pero estamos viendo con todos nuestros socios en la región el mejor modo en el que podemos cubrir esta brecha en el sistema de seguridad que dejará abierto el cierre de Manta. Pero, como es lógico, no puedo entrar en detalles operativos sobre el tema pues se trata de un acuerdo que todavía no está confirmado.
Cuando el primero de marzo pasado el líder de las FARC Raúl Reyes fue asesinado por fuerzas colombianas en territorio ecuatoriano se generó un problema diplomático de gran magnitud. ¿No se evalúa desde el gobierno estadounidense que la colaboración con el gobierno colombiano en zonas de frontera tan calientes podría tener un efecto nocivo en la percepción que los países vecinos pueden tener, tanto de Colombia como de los Estados Unidos? Colombia ha quedado bastante aislada luego del incidente con Ecuador.
Déjeme comenzar cuestionando su caracterización del aislamiento del gobierno colombiano. No creo, de ninguna manera, que el gobierno colombiano esté aislado en ningún aspecto, sino que mantiene una relación vibrante y activa con todos los gobiernos de la región. Obviamente existen tensiones, en particular con el gobierno de Venezuela, pero no diría que el gobierno colombiano está aislado. Nuestra colaboración con el gobierno colombiano está apuntada a maximizar la seguridad regional y asistirlo en su lucha por afianzar su soberanía y proteger su territorio. Colaboraremos con ellos en la lucha contra el narcotráfico y contra elementos criminales en la región. Pero, de hecho, ese tipo de colaboración es fructífera para todos los gobiernos de la región y por eso tenemos la necesidad de aunar esfuerzos. En última instancia, creo que hasta el señor Chávez verá que combatir al narcotráfico en la región es una estrategia que lo terminará beneficiando.
Un estudio que produjo el Latin American Working Group sugiere que en el pasado, cuando los Estados Unidos se asocian militarmente con ciertos países, el Congreso y el Ejecutivo estadounidenses tienen la tendencia de hacer la vista gorda ante violaciones a los derechos humanos en dichos países. ¿Habrá garantías de que no se incurrirá en violaciones a los derechos humanos en la región como consecuencia de esta ampliación en las colaboraciones militares entre Estados Unidos y Colombia?
No estoy familiarizado con el estudio que está citando, pero le diré que si hay algún tipo de conexión entre la colaboración estadounidense y los derechos humanos, en muchos casos nuestra colaboración ha redundado en una mejora en el respeto a los derechos humanos. El gobierno de los Estados Unidos siempre pone énfasis en apoyar prácticas humanitarias y en reforzar el respeto a los derechos humanos en particular dentro de las unidades militares con las que colaboramos. Seguramente estará familiarizado con la enmienda Lahie (que prohíbe por ley la colaboración del ejército estadounidense con unidades militares que hayan incurrido en violaciones a los derechos humanos). Este es un requerimiento específico que requiere que no sólo los gobiernos sino las unidades con las que colaboramos militarmente no tengan una historia de violaciones a los derechos humanos. Además, nuestras tropas reciben entrenamiento en derechos humanos y asistencia para facilitar el respeto de los derechos humanos en todas nuestras colaboraciones y misiones conjuntas.
Terra Magazine