Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Pablo Calvi

Harvey Milk, héroe americano

David McNew/Getty Images
Protesta contra la revocatoria de Proposition 8, que desde California buscaba legitimar la unión de parejas gay en matrimonio civil.

Pablo Calvi
Nueva York, EE.UU.

La vida no había sido amable con Harvey Milk en la gran ciudad del este. Pero ya mordiendo los 40, sin empleo fijo y abrumado por una identidad sexual socialmente conflictiva, el hasta entonces ignoto neoyorquino decidió barajar y dar de nuevo.

A principios de 1972 y guiado por modestas intenciones -quizás un cambio de aire y una vida aislada y feliz con su pareja Scott Smith- Milk emprendió el mítico viaje hacia la costa Oeste para aterrizar en San Francisco. La Bagdad de la Bahía le depararía sin embargo varios cambios: la dirección de una casa de insumos para fotografía en la calle Castro, en pleno corazón de un barrio casi marginal, el calor de una comunidad gay en franco crecimiento y el abrigo de un movimiento social que no tardaría en adoptarlo como líder. Apenas cinco años más tarde, casi irreconocible, Harvey Milk se había convertido en el mayor estandarte de la revolución sexual de fines de los años 70 y entraba a la historia política de los Estados Unidos como el primer político abiertamente gay electo para un cargo público.

"Debemos darles esperanzas" es el lema que un extraordinario y ajustado Sean Penn en el papel de Harvey Milk utilizará como mantra a lo largo de 128 minutos en la más reciente producción del genial Gus Van Sant. La frase, claro, no tarda en montarse sobre los ecos de la histórica campaña política que se coronó hace apenas 20 días con la elección del primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos. Y, claro, sobre las reacciones ante la revocatoria de la Proposición 8 que desde California buscaba legitimar la unión de parejas gay en matrimonio civil.

Pero la historia de Milk, resultado de una serie de entrevistas realizadas por el impecable guionista Dustin Lance Black, es mucho más que un non-fiction de intención documental. A pesar de una enorme cantidad de secuencias de archivo y del estilo seco y setentista que logra un Van Sant alejado ya del preciosismo estético de sus más recientes producciones -Elephant, Last Days y Paranoid Park- Milk se impone tanto por su simpleza estilística y narrativa como por el extraordinario nivel de las actuaciones, con Sean Penn a la cabeza.

El eje narrativo de la historia es una grabación en la cual Harvey, acorralado por una seguidilla de amenazas de muerte, se decide a contar su vida. Indudablemente trágico, el final de Milk quien en noviembre de 1978 muere víctima de un atentado junto con el entonces gobernador de San Francisco, deja sin embargo una moraleja llena de esperanza y muy a tono con los nuevos vientos políticos que soplan en los Estados Unidos. Todo es posible siempre que haya voluntad de cambio.

Además de Penn, Josh Brolin quien descolló recientemente en la semibiográfica W de Oliver Stone, encarna a un irresuelto y ultracatólico Dan White, quien luego de trabajar codo a codo con Milk termina asesinándolo a sangre fría. La película, que comenzó su rodaje a principios de enero en la mismísima calle Castro y que fue en gran parte filmada en el edificio del antiguo local de fotografía de Milk, cuenta además con el guapísimo James Franco en la piel del primer amante de Milk, Scott Smith, y con el mexicano Diego Luna como Jack Lira, la última pareja del político antes de su asesinato en 1978.

Durante un anticipado preestreno, en el cine de la calle Castro a metros apenas de la casa de fotografía de Milk, Van Sant confesó ante las cámaras de TV que había comenzado a coquetear con la idea de hacer esta película hace al menos 18 años.

"Milk es un héroe americano", dijo el director. "Es el magnífico ejemplo de un hombre que encarna los sueños de su comunidad y de la ciudad en la que vive".

Pero tras la revocatoria de la Proposition 8, el buen timing de Milk sirva quizás para recordarnos por aquí que, incluso con un presidente negro en el gobierno, todavía queda un largo y arduo camino por delante en la lucha por la igualdad de libertades civiles en los Estados Unidos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español