
|
EFE
La directora argentina de cine Lucía Puenzo, al recibir el premio especial del jurado en el festival de Málaga, en España.
|
Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos
Lucía Puenzo es hija del exitoso director (ganador de un Oscar por La Historia oficial) y productor argentino Luis Puenzo. Por tanto se crió prácticamente en sets cinematográficos, al grado en que a los seis años tuvo que ceder por un tiempo su habitación al personaje de uno de los filmes de su padre. Una concesión que quizás tuvo impacto definitivo en su percepción del mundo y la relación entre realidad y ficción cinematográfica.
El nuevo filme de Lucía, El niño pez, se estrenó en Nueva York en el marco del Festival de Tribeca. El filme cuenta la relación lésbica entre Lala, una joven de familia burguesa, y la sirvienta paraguaya, la Guayi, que ha crecido en su casa. El filme presenta una gran variedad de temas y elementos que se entretejen de manera compleja para partir de un romance prohibido y desembocar en un thriller. Puenzo debutó en largometraje con la provocadora XXY, la cual ganó el premio de la crítica en Cannes y un Goya. Tuvimos la oportunidad de conversar con ella:
Tus dos largometrajes tratan temas controvertidos, podríamos decir escandalosos, el primero un caso de una hermafrodita y éste una relación lésbica. ¿Tenías pensado presentar este tipo de temas con alguna intención precisa, no temías parecer incendiaria?
Cuando escribí esta novela yo tenía 23 años y es un misterio de donde me vino la idea. Yo siempre he escrito pero entonces aún no había publicado nada. Yo había escrito guiones para otros directores. El primer capítulo de esta historia es un cuento que sí publiqué y luego trabajé por tres meses intensamente hasta terminar la novela. Reconozco ese universo, inventé esos personajes y recuerdo la sensación de escribir sin saber si lo que hacía se iba a publicar, lo cual es lo mejor que me pudo pasar ya que muchas veces cuando uno tiene la presión que provoca imaginar lo que pensarán los críticos, lo lectores o los editores uno es más cuidadoso.
Hay una línea temática lógica entre los dos filmes.
Mucha gente me ha dicho que El niño pez es la continuación lógica de XXY, pero la primera fue escrita hace nueve años y al escribir nunca pienso primero en el tema, eso sería muy difícil para mí, no puedo pensar un tema y ajustarle una historia, en realidad lo que hago es al revés. Me gusta un personaje o un diálogo y una vez que he escrito un guión completo entonces veo cuál es el tema y a veces los temas son similares porque reflejan mis intereses.
¿Qué es lo que más te gusta de tus personajes en este filme?
Lo que sé es que algunas edades son muy poderosas y que la adolescencia es una edad fascinante ya que uno no es un niño ni un adulto. Los adultos ya han elegido lo que quieres y no se permiten buscar más. Los adolescentes en cambio tienen un gran poder, ya que pueden permitirse ser muchas cosas al mismo tiempo y son muy valientes al hacerlo.
¿Por qué elegiste introducir el guaraní?
Es una lengua que escuchamos muy a menudo en Argentina por la gran inmigración de paraguayos y bolivianos. Y los paraguayos lo usan mucho al hablar entre ellos y es una lengua que nos deja completamente marginados de sus conversaciones. No hay nada que podamos entender y yo creo que eso es muy interesante, ya que cuando Lala (Inés Efron) escucha ese idioma se sabe que se le está haciendo a un lado, y como el filme se presenta desde su perspectiva, entonces el espectador también queda fuera de lo que se dice. Cuando la Guayi (Mariela Vitale) dice que canta sólo en guaraní está tomando una postura política, y yo creo que ella es un personaje muy poderoso, es ella quien a pesar de ser la sirvienta, mueve los hilos de la casa.
¿Qué pedías a tus actrices para representar sus papeles?
Creo que una de las cosas más importantes fue que Guayi y Lala eran una especie de personaje bicéfalo, para ser poderosas tenían que serlo juntas. Son actrices que vienen de mundos muy diferentes por lo que parecía difícil y poco realista que estuvieran tan enamoradas. Así que al ensayar yo les señalaba que trataran de verse como un solo personaje. Y creo que sí conectaron muy bien, no eran dos actrices compitiendo sino que eran como un equipo.
¿La leyenda del niño pez es parte del folclor paraguayo?
No, es una leyenda inventada, pero bien podría existir, ya que hay muchas leyendas guaraníes que tienen semejanzas.
¿Hay muchas diferencias entre tu novela y el guión?
Sí, son a la vez muy semejantes y muy diferentes. La novela está contada por el perro, Serafín, quien es ahí un personaje central, tiene una voz dominante y humorística, es medio punk y está muy enamorado de las dos muchachas y es capaz de hacer cualquier cosa por ellas. En el filme eso no funcionaba, no quería tener la voz en off de un perro, lo que hubiera parecido ridículo, ni quería filmar desde su perspectiva. Así que al cambiar eso, aunque la historia sigue siendo exactamente la misma, el filme cambió drásticamente. Para mi fue un ejercicio de adaptación para ver como cambiaba la historia si se cambia el punto de vista y el tono. A veces no nos damos cuenta de la importancia de esos dos factores, aquí es muy claro.
Me dolió dejar fuera algunas secuencias que me gustaban mucho. Así, si tenía siete perros tenía que conformarme con dos, si había tres policías debía dejar uno, todo el tiempo tenía que hacer decisiones para reducir costos y eso a veces es duro ya que al escribir uno puede hacer lo que quiera, cualquier texto podría ser una superproducción hollywoodense, pero en el cine, por lo menos en el argentino siempre hay que trabajar así. Pero así me eduqué, cuando estudié cine se nos enfatizaba mantener las cosas simples. Ahora que escribo para productores europeos y estadounidenses siempre me dicen que no mantenga todo tan mesurado.
Un cambio bastante radical que tuve que hacer de la novela al guión fue que cambié al hermano de la Guayi por su padre y eso fue porque logramos conseguir que participara uno de los actores de telenovela más famosos en toda América y funcionaba perfecto en ese papel. Entonces me di cuenta que es una historia muy edípica, las dos jóvenes tienen relaciones muy complejas con sus padres y para la estructura dramática este cambio era muy bueno. Me preocupaba caer en estereotipos con los padres y creo que logramos crear personajes interesantes, diferentes y singulares. El padre de Lala es en esencia cariñoso pero debido a su transgresión provoca un dolor insoportable a su hija, mientras que el de la Guayi es un hombre enfermo.
¿Qué puedes decir de tu vida como hija de un cineasta tan exitoso que además ha producido tu película?
Somos cuatro hermanos y todos nos dedicamos al cine y mi padre está igualmente orgulloso de todos. Crecimos en sus sets, el cine sucedía en mi casa. El cine era muy natural para nosotros y siempre algo muy divertido, un mundo en el que yo quería vivir. Cuando filme XXY para mí era muy importante cometer mis propios errores y para mi padre era muy difícil aceptar que tenía que dejarme sola.
¿Qué puedes decir de la escena donde Lala se corta el cabello?
Creo que al renunciar a su cabello lo que está haciendo es romper con su mundo, con una burguesía que pone mucho valor en el cabello. Para mí ella está cortando muchas cosas y definiendo lo que será en el futuro. Al hacerlo su mundo emocional realmente despierta. Y también cumple con aquel deseo de ser fiel a la Guayi, quien se lo pide en un momento.
¿Pero hay una connotación lésbica al asumir un corte de pelo masculino?
Creo que está transformando su cuerpo. Hablé mucho con Inés acerca del arco que hace su personaje con su imagen. Sí, está aceptando su sexualidad, pero es más que eso.
¿Tuvo algún impacto el realismo mágico en tu cine?
Cuando era muy jóven, 14 ó 15 años, me gustaba el realismo mágico, tomé un seminario con García Márquez y lo admiro. Pero ahora me da mucha flojera ese género y no me gusta.
Llama la atención tu uso del agua y al mismo tiempo evoca el trabajo de Lucrecia Martel
Sí, tiene y algo que ver con el arquetipo del mundo femenino, el útero, el bebé sin madre, está vinculado con las partes fantásticas y oníricas de la historia. Y para mí, es una sustancia maravillosa que me encanta filmar, mi próximo filme será principalmente filmado en el agua. En lo que respecta a Lucrecia, creo que es una de las mejores cineastas del cine argentino y La ciénaga una de las mejores películas de nuestra cinematografía. He hablado mucho con ella, su trabajo es muy diferente al mío, yo trabajo mucho con las actrices y les doy toda la libertad que puedo, ensayo mucho y en las locaciones experimentamos para que se sientan cómodas. Esto funciona en ciertas escenas, ya que otras necesitan mucha planeación y como soy en esencia una escritora llegó con un storyboard muy preciso, como en el lago o en la escena de los perros, donde no se podía perder mucho tiempo. Y muchas veces por la escasez de materiales las dejo hacer toda la escena pero solo filmo lo que necesito, porque no puedo hacer muchas tomas.
¿Qué puedes decir del Paraguay y del viaje que hace Lala?
Yo quería filmar mucho más en Paraguay pero apenas pudimos estar ahí por cinco días porque salía muy caro filmar ahí. El viaje a Paraguay es un viaje realista y simbólico al lugar donde la Guayi enterró su secreto. Lala sabe que la única manera de descubrir lo que hay en ese lago es yendo. Ahí Lala conoce a su padre y entiende que el sueño que ambas tienen de ir a vivir ahí es sólo una fantasía que nunca podrán cumplir.
¿Qué podrías decir a quienes te critican de hacer un cine que usa temas escandalosos?
Por el asunto del personaje hermafrodita nunca traté de hacer realismo ni un documental, no me interesaba un testimonio médico sino una historia poética. De hecho creo que no hay sensacionalismo alguno y nunca enseñamos lo que mucha gente quería ver, el filme es una historia de amor. En El niño pez, el hecho de que la relación amorosa sea entre dos mujeres no tiene ninguna importancia y la historia lo trata de esa manera. Muchas veces la gente de afuera completa la visión sensacionalista con su propio bagaje. El filme no tienen nada que ver con mi sexualidad y si algo tienen en claro las dos protagonistas es con quien quieren estar, tienen muchos problemas pero uno de ellos no es su orientación sexual.
Terra Magazine