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Los otros pájaros de Alfred Hitchcock

Hulton Archive/Getty Images
El canto o el vuelo de los pájaros en las películas de Hitchcock siempre están ligados a una experiencia trágica, opina González Achí.

Mariano González Achi
Buenos Aires, Argentina

Antes de que Los Pájaros se transformara en una de las películas más representativas de la factoría de Alfred Hitchcock, existieron pistas del simbolismo de estos pequeños animales que poblaron de manera efímera, pero nunca casual varios de los films del director británico.

Esta nota pretende establecer un hilo conductor, que revele como la presencia de pájaros en algunas de sus películas dejan constancia de que siempre su canto o su vuelo esta ligado a una experiencia trágica.

Para iniciar el repaso comenzamos con Sabotaje (Sabotage, 1936). En esa historia de espionaje y terrorismo Hitchcock comete un desliz en la trama del que se arrepentirá para siempre: hacer morir a un niño victima de una bomba. La crudeza de la escena fue altamente criticada en su momento y condicionó el éxito de la película. El desafortunado niño llevaba, sin saberlo, un artefacto explosivo oculto en una jaula que contenía un ave. El pico de máxima tensión ocurre cuando el espectador que conoce la hora de la explosión, comprueba que no hay un milagro de último minuto. La vida del pequeño le será arrebatada de manera brutal.

La existencia del pájaro, que no responde a una necesidad argumental concreta, es la primera referencia de una conexión dentro de la obra de Hitchcock entre las aves y la inminencia de la muerte.

Un año mas tarde se estrenaría Inocencia y Juventud (Young and innocent, 1937) donde un grupo de gaviotas alertan con insistentes chillidos que el cadáver de una mujer estrangulada yace sobre la arena.

Arriesgando un contenido más simbólico, encontramos en otra de las películas más exitosas, una clásica escena donde un avión actúa de manera particular. La persecución a que es sometido el personaje de Cary Grant en Intriga internacional (North by northwest, 1959) alcanza su momento más dramático cuando en un ruta desolada rodeada de un paisaje rural desierto es acechado por una avioneta. Las embestidas a ras del suelo del ruidoso artefacto no hacen sino remitir al ataque de un pájaro gigantesco intentando devorar su presa.

En Psicosis (Psycho, 1960) durante la incomoda conversación entre Norman Bates y su infortunada huésped, la cámara revela un búho embalsamado que cuelga de una de las paredes. Su mirada helada y sus alas a punto de desplegarse no hace más que confirmar la amenaza que está por cernirse sobre el cuerpo de Marion Crane. El pájaro petrificado nos advierte de manera temprana de las habilidades como taxidermista del perturbado Bates, dato que será crucial para sostener de manera material la relación con su madre.

Cuando el rostro momificado de esta puede verse sobre el final, puede también percibirse en su horrenda mueca los rasgos de un pájaro. También es interesante señalar que la historia comienza en la ciudad de Phoenix, nombre de la criatura mitológica que renace de las cenizas y que el apellido de la primera victima (Crane), que en ingles significa grulla, nombres que desde un principio parecen estar predestinados a los hechos que luego tienen lugar.

La obsesión personal de Alfred Hitchcock con las aves, alcanzo su mayor expresión en 1963 cuando Los pájaros fue estrenada en en los cines. La película involucraba un argumento lineal acerca de cómo un pueblo de California (Bodega Bay) era atacado a intervalos irregulares por centenas de gaviotas y cuervos. El motivo de estos salvajes ataques nunca es explicado, dando lugar a muchísimas especulaciones sobre el tema.

Esta cuestión es abordada por el filósofo Slavoj Zizek y descrita con maestría en su ensayo ¿Por qué atacan los pájaros?, donde elabora una hipótesis utilizando conceptos psicoanalíticos: Las feroces embestidas de las aves provienen de la patológica interacción de los tres personajes principales. Zizek refiere que los pájaros corporizan la angustia experimentada por la madre ante la presencia de Melanie, quien logra seducir a su hijo Mitch. Ante la evidente futura partida (entiéndase, abandono) de su hijo de la aislada (casa/región) que habitan, la madre no puede sentir otra cosa que aversión. Cada vez que ella siente que su apacible ecosistema familiar esta en peligro, una bandada furiosa se abate sobre casas y negocios, automóviles y personas.

Sobre el final de la película en donde la madre, cambiando su actitud con respecto a ella, parece aceptar a Melanie, los ataques cesan. Un tranquilizador indicio de que las relaciones entre todos ellos han adquirido un nuevo y reparador equilibrio.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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