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No queremos celebrar Tel Aviv

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Naomi Klein

Naomi Klein
The New York Times

Cuando supe que el Festival Internacional de Cine de Toronto estaría haciendo una "muestra" Tel Aviv, me avergoncé de Toronto, la ciudad donde vivo. Inmediatamente me vino a la cabeza Mona Al Shawa, activista de los derechos de las mujeres palestinas que conocí en un viaje a Gaza que hice recientemente.

"Teníamos más esperanza durante los ataques", dijo ella. "Por lo menos creíamos que las cosas cambiarían".

Al Shawa explica que mientras llovían bombas israelíes en diciembre y enero, los moradores de Gaza estaban pegados a sus TVs. Lo que ellos vieron, además de la matanza, fue un mundo en completa indignación: protestos globales, casi 100.000 personas en las calles de Londres, un grupo de judías en Toronto ocupando el Consulado Israelí.

"Las personas llamaban de crímenes de guerra", recordó Al Shawa. "Sentimos que no estábamos solos en el mundo". Si los moradores de Gaza pudieran sobrevivir, parecía que su sufrimiento sería, por lo menos, un catalizador de cambios.

Pero hoy, Al Shawa dijo, esa esperanza no pasa de un recuerdo amargo. La indignación internacional se había evaporado. Gaza ya no estaba más en los noticieros. Y parece que todas aquellas muertes -casi 1.400- no fueron suficientes para traer justicia. Sin duda, Israel se está negando a cooperar inclusive con la misión exploratoria de la ONU, liderada por el respetado juez sudafricano Richard Goldstone.

En el primer semestre, mientras la misión de Goldstone estaba en Gaza cosechando testimonios aterradores, el Festival Internacional de Cine de Toronto preparaba su selección para la muestra Tel Aviv, marcada para coincidir con el centenario de la ciudad israelí.

Mucha gente quiere hacernos creer que no hay cualquier relación entre el deseo de Israel para permanecer inmune al escrutinio de sus acciones en los territorios ocupados y las instalaciones glamorosas del evento en Toronto. Tengo la seguridad de que hasta Cameron Bailey, codirector del festival, cree en eso. Pero él está equivocado.

Hace más de un año, los diplomáticos israelíes hablan abiertamente de su nueva estrategia para combatir el crecimiento del odio a la postura desafiadora de Israel a la ley internacional. No basta, dicen ellos, sólo evocar Sderot (una ciudad de frontera israelí y blanco de ataques de cohetes) cada vez que alguien menciona Gaza.

Es preciso también cambiar de asunto para tópicos más agradables: cine, arte, derechos de los homosexuales -cosas que establecen amenidades entre Israel, París, Nueva York y Toronto. Después del ataque a Gaza, y con el crecimiento de los protestos, esa estrategia fue colocada en funcionamiento.

"Mandaremos escritores conocidos al extranjero, así como compañías de teatro, exposiciones", dijo al New York Times Arye Mekel, subdirector general de asuntos culturales del Ministerio del Exterior de Israel. "De esa forma, mostramos la cara más linda de Israel, para que no reacuerden de guerra siempre que piensen en nosotros".

Y Tel Aviv, cosmopolita y siempre en la moda, celebrando su centenario con beach parties en Nueva York, Viena y Copenhagen durante todo el verano, se muestra un maravilloso vocero.

Toronto tuvo un gustito de esa nueva misión cultural. Hace un año, Amir Gissin, el cónsul general de Israel en Toronto, explicó que la campaña de la "Marca Israel" incluiría, de acuerdo con una noticia del periódico Canadian Jewish News, "una presencia israelí maciza en el próximo Festival Internacional de Cine de Toronto, con presencias estelares de innúmeros artistas israelíes, canadienses y de Hollywood." Gissin declaró, "Estoy seguro de que nuestros planes se concretizarán". Como de hecho se concretizaron.

Y que quede bien claro: Nadie aquí está sugiriendo que el gobierno israelí esté manipulando la muestra Tel Aviv, susurrando en la oreja de Bailey qué películas debe exhibir. La cuestión es que la decisión del festival de dar voz al orgullo israelí, declarando que Tel Aviv es "joven y dinámica como Toronto y celebra su diversidad", sirve como un guante para los objetivos de propaganda del gobierno israelí.

Gal Uchovsky, uno de los directores en enfoque en la muestra, aparece en el catálogo del festival diciendo que Tel Aviv es "un paraíso hacia donde los israelíes pueden huir cuando quieran olvidarse de la guerra y de las agruras de la vida cotidiana".

Tal vez en respuesta a eso, el genial director israelí Udi Aloni, cuya película Local Angel estrenó en el festival, envió un mensaje grabado en video, desafiando a los programadores del festival a que combatan el escapismo político y, en vez de eso, "mostrar temas desagradables".

Es irónico que a la selección de películas se la esté llamando de "muestra", porque celebrar aquella ciudad aislada -sin ver Gaza, sin mirar lo que está detrás de los muros de concreto, alambres de púas y guaritas- acaba escondiendo más que efectivamente mostrando algo.

Hay algunas películas israelíes sensacionales en el programa. Ellas merecen que se las vea como parte de la programación normal del festival, fuera de ese rótulo contaminado de enfoque político.

Fue con este dicho que un pequeño grupo de cineastas, escritores y activistas, del cual yo formaba parte, elaboró la Declaración de Toronto: Sin Celebración Bajo Ocupación (torontodeclaration.blogspot.com).

Fue firmado por artistas del peso de Danny Glover, Viggo Mortensen, Howard Zinn, Alice Walker, Jane Fonda, Eve Ensler, Ken Loach, y miles de otros. Entre ellos también el celebrado director palestino Elia Suleiman, además de muchos cineastas israelíes.

Los contraataques -disparados por el Centro Simon Wiesenthal y la radical Liga de la Defensa Judaica- se mostraron al mismo tiempo previsibles y creativos. La tecla más golpeada es que los signatarios serían censores, intentando boicotear el festival.

En realidad, muchos de los signatarios tienen películas esperadísimas en el festival de este año y de ninguna forma intentamos boicotearlo. Lo que estamos haciendo es oponernos a la muestra Tel Aviv.

Más creativa todavía fue la afirmación de que negándonos a celebrar Tel Aviv como cualquier otra metrópolis de la moda, estaríamos cuestionando su "derecho a la existencia". (El actor republicano Jon Voight llegó a acusar a Jane Fonda de "apoyar y pactar con aquellos que desean destruir Israel".)

La declaración no dice nada de eso. En realidad, es solamente un mensaje de solidariedad que dice lo siguiente: No queremos celebrar con Israel este año.

La declaración también es una forma sencilla de decirle a Mona Al Shawa y a millones de otros palestinos viviendo bajo ocupación que no nos olvidamos de ellos.

Naomi Klein es columnista del The Nation y del The Guardian de Londres, es autora, recientemente, de "The Shock Doctrine: The Rice of Disaster Capitalism". Artículo distribuido por The New York Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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